martes, diciembre 06, 2016

Caja negra

En geometría poética la soledad es la distancia más corta entre recordar a alguien y acatar su ausencia.
Daniel Izquierdo Clavero

Ya lo sabes; soy incapaz de escribir sin que cada palabra me pellizque las vísceras.
Mi lenguaje tiene un corazón arrítmico, ya lo sé, pero moriría sin tenerlo. Y late más allá del músculo claustrofóbico de la memoria.

Ahora, hincha bien el pecho, inhala mi silencio, deja que reafirme en ti sus espinas.
Cuando espires, tu aliento sangrará como la piel de mis versos.


No lamentes no haber dicho a tiempo, te aseguro que tu palabra nunca fue capaz de penetrarme ningún paisaje. En el mío, los árboles han depuesto todas las hojas que, en vano, habían invertido contra el invierno. Pero yo he trazado un camino de piedras a las que les han crecido brazos. Ya no quiero negarme a abrazarlo.

De entre mis restos calcinados aún se puede recuperar la caja negra de los registros vitales de mi alma. Aunque, con seguridad, saberlo no va a servirte, no va a salvarnos; del mismo modo que saber que moriremos un día no afecta para nada a su irrefutable verdad futura.


¿El adiós?, el adiós se pronuncia solo, con el inexorable lenguaje de los muertos.


La última vértebra de la noche abandona
la esperanza,
sin mirar atrás hacia las ruinas,
acatando el albedrío del derrumbe.








sábado, noviembre 12, 2016

Quizás

Seguramente sí soy esta que
-siempre a solas-
desactiva un instante su yo muerto y deambula
con un pálido candil por las palabras,
acariciando las fracturas de su lenguaje herido,
nombrando –casi a tientas- cada incertidumbre,
cada silencio, cada vacío.

Ahí asumo sin dolor mi latir inconexo,
mi tiempo mudo,  mis labios yermos.

Aprendo a regresar desde mí misma
hacia no importa la deriva ni el abismo.

Anhelo –en el fondo y en la forma-
la verdad impracticable, la aporía del camino.

Seguramente,
sí,
soy esto:

soluble en amor o irresoluble.

domingo, noviembre 06, 2016

Un(i)verso para lela



Esta espiral cavernaria de mi corazón 
(como el esqueleto del nautilus,
armazón que un día albergó palabras
que las manos dibujaban cada noche
como quien crea galaxias 
desde el dolor urgente de estrellar el alma,
de alumbrar belleza en el vasto silencio de su nada),
a veces sueña que vuelve a latir con afán de púlsar ,
en la densa pequeñez de algún poema.

Ahí estalla el amor en su magnético campo de batalla:
como una hidra luchando
en un agujero negro,
creciéndole dos versos
por cada uno que el vacío amputa.

En este universo paralelo,
esta espiral cavernaria de mi corazón
no debería soñar sin consultarme:
aún el vértigo de mis manos
no sabe estar a esa altura.

jueves, octubre 20, 2016

Huérfana de versos

Huérfana de versos,
araño la noche para ver qué oscuridades
aún siguen sin ser nombradas.

He de arar el silencio
-roturarme el alma-
y entibiar un temblor solitario
al cobijo de las sombras.

Y esperar
-como quien siembra-
a que una gota de luz
estalle en las palabras.

Ya no tengo tiempo de ser otra

Ya no tengo tiempo de ser otra.

Se están disolviendo los días
por una erosión constante de tardanza.

Nunca seré más
que estos versos abstraídos de la tierra
pretendiendo acercar
la geografía que me falta.

jueves, febrero 03, 2011

Detritus

I


Hoy, estas manos calladas
desarrugan mi voz
como quien intenta alisar
el papel del poema despreciado,
tras el cruento motín de las heridas.

Desde esa voz medio ilegible
me propago.

Con tinta de alma emborrono mis silencios.



II

La noche aprieta
y yo intento no ser
la garganta del deseo
cuando arde
para instaurar después 
su propia oscuridad.


III

Mi amor siempre supo
mirarte como a un abismo,
pero tú nunca supiste
devolverle la mirada.

IV

Soy precisa
en la emoción de recordarte.

El tiempo sólo hace de mí una inexacta.


V

Esta mujer jamás está a salvo.

Su corazón es una medusa,
animal
de gelatina,
aletea en el cálido mar
de su pecho,
es puro amor luminiscente,
descerebrado y venenoso.




jueves, noviembre 25, 2010

Conjuro equis

"lo que cura es el aire que exhalan las palabras"
Héctor Abad Faciolince.








Tal vez yo podría conjurar estos ojos,
y a sus pasos ciegos
que a nadie conducen,
con versos afilados
que desgarren los mapas inútiles
que urden para la aurora,
que drenasen toda mi luz extraña
tan nocturna y enquistadamente sola.

No sé qué será así de lo incurable;
sí sé que me ha de bastar con mi aliento solo.












martes, noviembre 09, 2010

Amarga y maleable


En la espalda la desfachatez de la culpa,
abultado dolor reminiscente
de unas alas que no crecieron nunca.

Torcida,
como un cuello pintado
por Klimt,
pero sin beso en el que
convertirse.

Insana,
mezcla con toda su carne
toda su alma disponible.

Amasijo que espera la ternura
como esperan
a unas manos húmedas,
las  formas escondidas
en la informidad del barro.

Suspensa

Ya nunca podré mejorar
en amarte,
nunca más ascendida
al cielo terrenal de tus abrazos,
nada ya de doctorarme
en todos sus puntos de tangencia.

A qué aspirará ahora la química salival
de tus emociones sobre mi lengua
sino a disolver el cielo imposible de mi boca,
hasta que degrade todas las palabras de pronunciarte.

Pero no he de quedarme sin nada:
para cuando todo nos arrase,
estoy aprendiendo a desnudar tu nombre.

 Después de todo, siempre se me dio mejor
construirte desde el aire.

Sí, eso es:
quedo suspendida eternamente.




viernes, octubre 22, 2010

Petición simple-III

Quiero que termine ya
el tiempo de las estatuas,
que las vetas de sangre
de este mármol
avancen más allá de su materia,
tiñan el silencio de vida caliente.

Que deshiele la quietud inadvertida
y gotee caústica el movimiento del abrazo,
que caiga sobre mis senos
-ahí es donde antes me transparento-
para que puedas ver
que escondo dentro
pájaros llenos de cielo.