Ha dudado de todo la tarde,
de sí misma,
ha querido esconder -inútil-
estas luces ocres,
la insistencia de este sol exhausto
-hundido en la tormenta-
en llamarse primavera.
Pero la lluvia ha desmembrado
el aire de las dudas,
ha esparcido su tiempo en la alfombra
abandonada de las calles.
Un incomprensible olor se ha diluido,
ondulándose como un interrogante,
con la piel de todos mis silencios.
No ha dicho (aún) su última palabra
mi corazón,
calado hasta los versos.