jueves, abril 06, 2006

La lluvia insiste.
Me llama con su maciza aldaba
de tristeza.

Oigo pasos crujientes
en la madera seca
de mi espalda.
Un verso apresurado
abre mis costillas
y exhala un quejido inaplazable:

A mí, que no soy lluvia,
¿me oyes?

10 comentarios:

  1. Alto y claro, te oigo como si el poema estuviera escrito sólo para mí.

    Un abrazo. Único, como todos.

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  2. ¿oyes como cruje mi alma?, ¿no?, pues deberías, porque en este instante sólo lo hace por ti.

    Gracias por llegar a tiempo. Estaba dispuesta a borrar el día y estos versos de la memoria.

    Abrazo emocionado.

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  3. Luzamarga, este día no lo puedes borrar. Sería como quitar un ladrillo de un futuro bien cimentado. Todo tiene un porqué. Y yo, encantado de haber echado un poquito de cemento en el muro.

    Seguimos abrazados.

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  4. Da gusto leeros, parecéis, ejem, quinceañeros, en el mejor sentido de la palabra :p

    Besos y abrazos!

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  5. Vamos, no me cabe ni la menor duda!
    XD

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