jueves, agosto 24, 2006

Más allá del mar se escapan siempre mis deseos. Más allá del olvido ni mis recuerdos se acuerdan de mi.

Me abandonó la noche
bajo su hálito lunar.


Cobijó a esta náufraga
sin isla a la que asirse
y derramó la arena

como si vertiera los relojes.

Tuve días de piedra


y de muralla,

de silencio en los pies

cuando no tienen destino

y es el tiempo detenido

quien todo lo habla.


Creo que mi alma
es de hueso de pájaro:
frágil, irreparable y hueca
por dentro.


Subo a las alturas
porque mi acrofobia sabe
que no podré evitar volar un día.


Busqué la fe
en la cornisa de los pájaros
porque vivir no es más
que un lentísimo acto suicida.

jueves, julio 20, 2006

Disposición

Qué poco he vivido
y qué poco sé hacer con lo que vivo.
Levanto cada día mi esperanza
como la haima de la nómada que soy.
Cada noche desprendo sus anclajes
para volver a la vía dispersa de mi alma
que no entiende más
que de la constancia

de su extranjería.

No tengo más bagaje
que el peso de mis huesos,
la memoria en la retina,
el dolor enmohecido del pasado,
la lumbre de los sueños;
ni más credenciales
que una aspiración absoluta
por seguir asomada
al pozo del saber.

No entiendo de pragmatismos
ni eficacias.
Amorfa y descuadrada,
no encaja mi hambre en la razón.


Hablo con la piel y
palpito en la palabra.

Despeño la torpeza de mis versos
en cualquier abismo sin contornos
donde pueda narrar
que aún sigo estando
tan dispuesta para vivir
como lo estoy para morir.

lunes, julio 17, 2006

Yo que no puedo besarte
he sembrado de ternura
el trayecto de pensarte con los labios,
he puesto una verdad
en tu beso inexistente,
tan llena de afán inexorable
que no hay mañana
sin el futuro de tu boca.

sábado, julio 15, 2006

Oscurece, sí,
con esa negrura
en la que todos los ojos
del olvido
me contemplan.

El aire negro
me ha entregado
su regazo:
sobre él, este arabesco
de letras
calmando a mis dedos
de su horror al vacío.

Oscurece.
Pierdo en esta ceguera
las orillas,
el camino,
las huellas que esparzo
como semillas
sobre la muerte
de la luz.

Oscurece, sí,
para que todo lo imposible
esté de nuevo
recién amanecido.

sábado, julio 08, 2006

No me reproches
que no pueda ayudarte
a silenciar los gritos
de esa daga en tu costado;
no soy yo quien sabe expulsar
de las noches el chirrido
de cuchillos.

No, no soy yo.
Yo ando ocupada
en la cautela de morir sin hacer ruido.

lunes, julio 03, 2006

Hija del viento (A. Pizarnik)

Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.

Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.