domingo, enero 25, 2009

Noche a dos voces

Para Närf e Isabel, por el todo.

Cada día que me empieza
sin vosotros,
casi inmediatamente me (ex)termina.

En amaros me pervivo
y me perdono de distancia.

Edificada en nuestros sueños
mi dignidad es vuestra palabra,
vuestros actos, vuestros besos.

Aquella noche en que la lejanía
abandonó nuestros nombres
sobre un mapa para cómplices,
fuimos la música y la risa
de los que viven viviendo,
mientras yo sentía
que nadie sobre la tierra
en aquellos instantes
podía amar más que yo.




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sábado, enero 10, 2009

Conjuro-II

"Pronunciar un nombre
es vencer al olvido".
Benjamín Prado




Despertaré y estará
tu palabra,
y exactamente sabrán mis venas
cómo suena lo necesario.

Será la hora de sabernos
nuevamente,
de ir a tus ojos a tocar tu alma,
de salir de ellos con tu corazón en la retina.

Sabrán de ti mis manos
hasta lo que de ti mismo
todavía ignoras.

Sabrá de ti mi cuerpo
como sabe el rayo
qué necesita de la luz.

Te nombraré entonces, sí,
pero lo haré
en la inmediatez de tus labios.

(Todo esto lo he pronunciado
varias veces
añadiéndole tu nombre,
por si existiera el futuro
y ya tuviera memoria.)

martes, enero 06, 2009

Rojo y blanco

A Nacha, in memoriam

El fogón en el suelo, sin ambages,
fácil a la llama y sin embargo
obstinado en la escarcha de la noche.

Tu mano izquierda agitaba
el frío que esparcía la techumbre arruinada,
con fuelle de atrezo,
cartón de pobre,
sobre la leña húmeda,
robada al monte, estricta.

Recién amamantada,
con la derecha mantenías
cerca del calor del pezón rosado
a la hija cuya virilidad,
una vez más,
el cielo te había negado.

Mientras,
mis celos por tu calor perdido
buscaban refugio
en aquel fuego imposible.

Más por reclamarte que por verdad,
te dije sin esconder mi envidia:
"Tengo hambre".

Cuando llegó el hielo
y cercó la cabaña,
yo miraba satisfecha
el fulgor intenso de las brasas
mientras te saboreaba
en la última gota de leche
que aún quedaba entre mis labios.





In memoriam,
Apocalyptica
(Editado por Carz)

Señales de humo


Tengo deseos que,

en su empeño por trascenderme
y encontrarte,
impelidos por el pánico claustrofóbico
a mis sombras solas,
se apretujan en el incapaz embudo de los nervios.

Friccionan sus querencias

contra mi alma
hasta el estallido ígneo
de toda su envoltura.

Exhausta después
ante mis cenizas amargas,
me da por pensar
que quizá puedas leer mejor
cuánto hay de ti en mí
en estos hilos volátiles
de luz ardida.