jueves, agosto 24, 2006

Más allá del mar se escapan siempre mis deseos. Más allá del olvido ni mis recuerdos se acuerdan de mi.

Me abandonó la noche
bajo su hálito lunar.


Cobijó a esta náufraga
sin isla a la que asirse
y derramó la arena

como si vertiera los relojes.

Tuve días de piedra


y de muralla,

de silencio en los pies

cuando no tienen destino

y es el tiempo detenido

quien todo lo habla.


Creo que mi alma
es de hueso de pájaro:
frágil, irreparable y hueca
por dentro.


Subo a las alturas
porque mi acrofobia sabe
que no podré evitar volar un día.


Busqué la fe
en la cornisa de los pájaros
porque vivir no es más
que un lentísimo acto suicida.