domingo, junio 15, 2008

Acordeón

He soñado que podía comprimirme.

Era mínima hasta no poder
contener el silencio.

Desde ahí,
la voz era todo el impulso
para ser estallido;
generaba palabras
que podían descifrar
las verdades del aire.

Al despertar,
supe que solamente
sueno como sueño.

miércoles, junio 11, 2008

Poema percutor

Inconsolable,
el latido cuelga de tu ausencia
como un traidor arrepentido.

Me deja desprovista,
sin argumento vital,
pero sin muerte que ponerme.

Descúbrele el amor
con que recargas tus labios
de deseos proyectiles.

Apunta hacia mis venas,
percute a mi corazón abierto
con su simple e impulsivo mecanismo:
impacto dulce de vida a bocajarro
.


(Sherezade. Rimsky Korsakov
En clave de Jazz. )

lunes, junio 09, 2008

Tos

Era necesario
que el aliento que me insuflara la vida
me perforara el tuétano,
si no los versos
se me morían de asfixia.


Ahora, cuando no puedo escribir,
toso tuétano perforado.

viernes, junio 06, 2008

Insurrección

Tengo un desván inmóvil detrás de mi frente.

He oído cada noche el crujir inerte
de su parálisis,
su despótica quietud de frío.

Desde su puerta como boca de gárgola,
escupió su veneno congelado
en las blancas planicies de la inocencia,
instauró su miedo extemporáneo.

Mas sucede ahora que te amo.

Te sucedo, me sucedes.
La vida usa nuestra piel
para cumplirse.


Eres tú, tu mano
de temblor nocturno,
quien nombra la inmortalidad
de mis rescoldos,
la sublevación de las cenizas.

Puedo ahora, con esta luz apócrifa,
inocularle a las piedras del pasado
mi “Y sin embargo se mueve”.

miércoles, junio 04, 2008

Esencia

Cuando no estás,
el silencio rezuma tu palabra,
gotea sobre mí
como amor recién dicho.

Me huelo y sé que
vienes a ser lo esencial
de mis noches.

martes, junio 03, 2008

Nacha

Reposaba el cansancio como las grullas,
sobre el único pie que no se tambaleaba,
mientras contaba con las manos
lo que en su alma ardía.

Tras sus ojos,
una manga de mar que nunca vio
había depositado pacientes arrecifes,
y, cuando la mirabas,
escuchabas a sus lágrimas rompiendo
en el acantilado de su garganta.

Su voz nunca tuvo
palabras mágicas,
era de hilo dulce cuanto decía
-hebras de su piel-
con el que recosía -una y otra vez-
el roto por el que asomaba
la pobreza.

Esperaba redimirse en mí,
rehacerme sin pasado,
lavar su angustia en mi olvido,
perdonarse las heridas:

Nunca podrás -decía-
moldearte la vida
si no aprendes primero a ser barro.

Y tú eras
la más hábil alfarera
del hambre.