lunes, enero 30, 2006

Levanté los bosques
de entre el desprecio de los hombres,
les deposité la mirada
que nunca más volverá a ser mía.
Hice acopio del sol sobre la nieve,
robé los destellos acerados de su cuchillo frío.
Cambié los zapatos por huellas congeladas.

He deslizado el existir por todas sus laderas,
en trineo de palabras
que en ninguna boca suenan.

He caído en cascada por el tiempo.
He sido alud pequeño
desprendiendo del invierno su metáfora sutil.

He mirado a la niña que vive,
acá, detrás de mis pupilas,
en una infancia que cae derretida
esperando la resurrección de los muertos.

4 comentarios:

  1. Es de acciones y reacciones que dejamos marcas en la vida, pero aún consciente de su inherente simplicidad, no deja de asombrar el velo de tristeza al descubrir lo que ya ha sido y no será más...

    Un gran beso para tí y para la niña.

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  2. Pudiera ser que el ocaso precede al nuevo dia, y que todos esos muertos no resuciten, pero si resucitan seguro que les haces sonreir...sobretodo si son los que quieres...
    Beso azul...

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  3. Hola Saúl. Qué bueno que volvió.
    Pues sí, siempre hay cosas que ya no serán más porque simplemente es imposible. Sin embargo, la imposibilidad de ser no borra los recuerdos.

    Un besazo, cielo.

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  4. No hay más resurección que la constante insistencia de los recuerdos de quiénes amamos y nos amaron.
    Menos es nada.

    Gracias por estar conmigo, Adela, gracias.

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